Así fue que un día me encontré haciendo una escala de unas seis horas en Atenas que me las pasé intentando dormir en el aeropuerto ya que a las 6 am salía el vuelo a Santorini. Y unos cinco días después estábamos desembarcando a eso de las ocho de la mañana en el histórico puerto de El Pireo, en Atenas.
La cosa arrancó complicada, Atenas estaba en momentos difíciles, y lo primero que nos encontramos fue que había paro de taxistas, pero logramos encontrar un tren/metro que nos servía para llegar al hotel. Y cuando llegamos al hotel resultó que el piso donde estaba nuestra habitación estaba sin luz y no tenían más disponibilidad, pero que nos podían acomodar en otro hotel cercano con las mismas comodidades y enseguida accedimos, además nos ofrecieron el traslado hasta ahí, así que todo bien.
Superado el tema alojamiento y luego de una merecida ducha arrancó la maratón ateniense, ya que solo teníamos 24hs en la capital griega y había que tratar de conocer lo más posible.
En Atenas podríamos hablar de mil cosas, la más obvia sería la Acrópolis, pero me voy a detener en mi primer encuentro con el viejo esplendor griego y lo primero que visitamos y me partió la cabeza que fue el Ναός του Ολυμπίου Διός o Templo de Zeus Olímpico. Si van a la foto de portada de este post, el de rojo soy yo y vean la altura de esas columnas.

Pero arranquemos por el principio:
Fue construido sobre un viejo santuario al aire libre que estaba dedicado al mismo dios. Ya había existido un templo ahí alrededor del 550 ac pero había sido demolido y este nuevo, y gigantesco, templo comenzaría a construirse en el 520 ac. En esas épocas hubo una sucesión de tiranos gobernando la ciudad y de hecho, bien cosa de tiranos, se buscaba que fuera el más grande. Pero, lógicamente, esos gobiernos carecían de estabilidad, entonces ya en el 510 Hipias fue derrocado y se paró la obra. Fijense que a los diez años ya se había frenado la construcción y piensen que las obras en esta época (y de esta magnitud) llevaban muchos años en ser completadas.
Durante la democracia ateniense se consideraba una señal de tremenda arrogancia construir a esta escala y tuvieron que pasar más de 300 años para retomar la obra que solo contaba con la plataforma y el inicio de algunas de las columnas que lo adornarían. Fue el rey seléucida Antíoco IV Epífanes (de quien se dice que era muy extravagante y generoso) que tenía el divague de que era la encarnación del mismísimo Zeus en el mundo, quien revivió el proyecto aportando dinero para su finalización. Todo este tiempo que pasó hizo que el diseño original y los materiales fueran cambiados, ya no sería de piedra caliza sino de mármol y hasta cambió el orden de las columnas y cuando me refiero al orden no es a cual iba primero y cual después sino a su estilo en si que originalmente iba a ser dórico pero terminó siendo corintio.

La construcción final tendría 104 columnas de 17m de alto por 2m de diámetro, una real locura. ¿Pero adivinen que pasó? Antíoco murió y la obra se paró nuevamente. Con el agregado de que Atenas fue saqueada por el general romano Sila que llegó a robarse pedazos de columnas y llevarlas a Roma para usar en el Templo de Júpiter. Pero fue Adriano, ya en el segundo siglo DC quien finalmente completó la obra, más de seis siglos después de empezada.
El templo fue adornado en su exterior con estatuas de dioses y hasta del propio Adriano y Pausanios, un viajero contemporáneo al emperador, decía que la estatua dedicada a Zeus solo era superada en tamaño por el coloso de Rodas y que estaba hecha de oro y marfil.
Y duró menos en funciones de lo que demoraron en construirlo porque el año 425 fue cerrado porque el emperador cristiano Teodosio II prohibió el culto a los antiguos dioses.
Ya en la Edad Media se utilizaron varios de sus materiales en distintas construcciones de la ciudad y para el 1436 se documentaron por parte de Ciriaco de Ancona solo 21 de las 104 columnas originales.
Hoy día solo quedan 16 y una de ellas está desparramada en el piso por culpa de un temporal que azotó Atenas en 1852. Lamentablemente, no queda nada de su antiguo y magnífico interior ni de sus adornos exteriores. Pero así y todo se las arregla para ser bastante impresionante aunque se hace difícil imaginar cómo habrá sido en sus tiempos de gloria. A mi realmente me partió la cabeza, de haber visto durante la infancia y adolescencia imágenes y fotos de estos lugares y tener la posibilidad de verlos ahí en persona es totalmente distinto. Cuando les digan que hoy por internet se puede ver todo, es verdad, pero no es lo mismo que experimentarlo.
Importante, la visita no es gratis y hay que pagar una entrada que se puede comprar online que se puede hacer solo por el Templo o un ticket combinado que incluye otros lugares como la Acrópolis o la Biblioteca de Adriano, entre otros.
Para cerrar les dejo un poco de música porque en 2001 el compositor griego Vangelis organizó en el lugar la sinfonía coral Mythodea - Music for the NASA Mission: 2001 Mars Odyssey que coincidía con la entrada de la nave espacial Mars Odyssey de 2001 en la órbita del planeta Marte.