Paraty puede sonar a un modelo de Volkswagen surgido allá por los 80s y tiene relación porque este modelo se fabricaba en Brasil y toma el nombre de la ciudad homónima y que pudimos visitar.
Esta visita fue la segunda parte de un viaje de diez días que empezó en Ubatuba y terminó justamente en Paraty que está a tan solo una hora de distancia en bus, pero a pesar de esa poca distancia tiene varias diferencias con su vecina.
Para empezar cambiamos de estado porque Paraty queda bien al sur del estado de Río de Janeiro y tiene un turismo mucho más internacional que la paulista Ubatuba que recibe mucho más turismo interno. En Paraty caminando por la calle escuchás inglés, alemán, español, algún asiático y seguro otros idiomas no tan fáciles de reconocer.

Pero lo primero que quiero mencionar de Paraty fue nuestro alojamiento, porque probamos por primera vez el Airbnb compartido. ¿Qué es esto? Fácil, es un alojamiento que compartís con el propio dueño y en algunos casos, como fue el nuestro, con otras personas más.
Acá conocimos a Michael, un norirlandés que llegó a Brasil por amor (otro más) y se terminó quedando, y que además de alquilar algunas habitaciones de su casa tiene una agencia de turismo aventura y se convirtió en una especie de embajador turístico para su país.
Para que se hagan una idea era una preciosa casa de dos plantas, el piso de arriba era 100% del dueño de casa y alquilaba las dos habitaciones de abajo y otra más que estaba separada de la casa y quedaba al lado de una muy linda piscina. La cocina la compartíamos entre todos y Michael elevaba la experiencia ofreciendo un tremendo desayuno que Celia (la empleada) elevaba más todavía haciendo unos tremendos huevos revueltos en el momento, una maravilla. La única contra que tenía era que quedaba lejos del centro pero creanme que valía la pena y caminando eran unos 15-20 minutos nada más. Y como si todo esto fuera poco ofrecías sus bicicletas también.
Con Michael y alguno de los otros huéspedes (un alemán, otros brasileros, una argentina) compartimos varias cervezas y charlas entreveradas chapuzando entre inglés y portugués.

Pero no estamos acá para hablar de la casa de Michael sino de este tremendo lugar llamado Paraty.
Primero contarles como llegar que es muy simple. Si bien les comentaba que está en el estado de Río, es más rápido y fácil llegar desde São Paulo en bus. Ojo, lo de rápido es relativo porque les va a llevar unas cuantas horas. También se puede llegar desde Río de Janeiro pero el viaje es un poco más largo. La otra opción es alquilar un vehículo.
Paraty es una ciudad puerto de estilo colonial bien típico brasilero. Fue uno de los puertos más importantes allá por el siglo XVIII cuando se exportaba el oro extraído de Minas Gerais, aunque hoy ese puerto es utilizado principalmente con fines turísticos y paseos por toda la bahía. El centro histórico que está perfectamente conservado y es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es bellísimo con sus calles empedradas y casas blancas con puertas y ventanas de madera pintadas de colores. Además tiene la particularidad de que muchas de las calles y construcciones de esa parte están pensadas para ser inundables porque al estar casi al mismo nivel del mar se construyeron pensando en el flujo de las mareas. Entonces hay calles más acanaladas y casas que están un par de escalones más arriba y perfectamente puede pasar que se encuentren la calle toda llena de agua. Y los autos no están permitidos en esa parte lo que mejora muchísimo la experiencia de pasear por ahí.
Y si todo esto ya les parecía lindo el lugar está rodeado de naturaleza ofreciendo montones de actividades de senderismo, escaladas, cascadas, deportes náuticos y montones de cosas más.
Para planificar la estadía hay que tener en cuenta que muchas de estas actividades, e incluso las mejores playas, requieren trasladarse, así que hay que pensar en por lo menos tres noches para sacarle un poco el jugo a todo lo que hay en la vuelta.

Pero vayamos a recorrer un poco.
Nosotros visitamos tres playas bastante diferentes.
La más cercana, que está en la ciudad mismo y llegamos en las bicis de Michael, se llama Jabaquara y no es muy linda para el baño por su fondo medio barroso (igual es linda) pero si para hacer algún tipo de deporte que fue lo que nosotros hicimos. Contratando los servicios del dueño de casa partimos, junto a una pareja de nórdicos, en unos kayaks dobles con timón descriptos por Michael como los "Rolls Royce de los kayaks" en un tremendo tour de cuatros horas por la bahía. Ahí visitamos una isla, otra tremenda playa y atravesamos un manglar impresionante entre cangrejos de esos bien rojos que veíamos solo por la televisión. Fue un viaje increíble, con varios baños en aguas turquesas, una encallada con rescate incluido por la bajada de marea cuando íbamos entrando al manglar y un esfuerzo físico importante que además terminó en una bicicleateada de vuelta a casa, o sea, molidos pero felices.

Luego fuimos al pueblito de Trindade, un pueblo de pescadores a unos cuarenta minutos en transporte público. Esos cuarenta minutos no son muy aptos para cardíacos pero si muy divertidos, porque los conductores digamos que van un poco al filo del reglamento y tiran las curvas a lo rápido y furioso.
Trindade además de ofrecer playa tiene una zona de piscinas naturales para la que hay que hacer una trilla no muy larga ni muy complicada que además en el camino te pasa por otras playas. Esas piscinas están preciosas y son recontra disfrutables salvo por el detalle de que algunas personas eligen llegar en lancha y eso trae un poco de ruido y mugre al lugar, pero igual valen la pena. El pueblo también ofrece kiosquitos de playa y lugares para comer así que perfectamente se puede ir a pasar al día.

Y me guardé Praia do Sono para lo último porque es un paraíso, aunque como buen paraíso requiere su sacrificio para llegar. El viaje en bus es prácticamente igual a ir a Trindade en tiempo y en aventura solo que en un momento que se bifurca la carretera agarra para el otro lado. El transporte los va a dejar en un caserío entre medio de la vegetación donde arranca una trilla que es el camino hacia la playa. El camino es por el morro entre la mata altántica y si bien no requiere un gran esfuerzo de desniveles si que es un camino largo, a nosotros nos llevó dos horas y media, pero creanme que al momento de llegar y ver Praia do Sono desde arriba es una postal inolvidable. Este lugar tiene su bares playeros, hay camping y algún otro alojamiento por si gustan quedarse también. La playa es bien amplia por lo que seguramente estarán cómodos y está ideal para simplemente relajarse, darse unos buenos chapuzones en un agua increíble, tomarse alguna cerveja estúpidamente gelada, comer algo y si se quedaron con ganas de caminar otro poco pueden avanzar otra trilla al final de la playa que los llevará a otras playas más desiertas y también impresionantes.
Acá tuve "la suerte" de que mientras me tomaba una latita de Sprite no me di cuenta que una curiosa abeja cayó en la lata y me la tomé y me picó del lado de adentro de la boca... Por esas casualidades del universo mi novia tenía una pinza de cejas en su mochila y enseguida me pudo sacar el aguijón así que no me pasó nada.
Pero si pensaban que para salir de acá iban a tener que volver a atravesar el morro durante horas después de haberse comido una xis burguer y un par de latinhas de cerveza acá viene la parte más surrealista. Resulta que de Praia do Sono salen unas lanchitas que van cortando olas a todas velocidad y te depositan en un muelle de una zona con una pinta muy exclusiva. Ahí te esperan unas kombis que cada vez que se llena una salen a través de un country privado extremadamente cheto que parece que estás en una película que probablemente termine en un apocalipsis zombie. Luego de atravesar este lugar te bajan fuera de los muros, porque obviamente hay casi una muralla separando el lado "lindo" del lado "feo" y ahí está la parada de bus donde uno recibe un buen golpe de realidad mientras espera el transporte para volver nuevamente a Paraty bien cansado pero con el corazón muy contento.

Volviendo a la ciudad, el centro histórico, además de ser lindo en si mismo, tiene muchísimas opciones en gastronomía de todo nivel, desde lugares simples para comerse un pescado a la plancha con fritas y feijão preto (qué delicia!) hasta restaurantes más finos de distintos estilos. También hay montones de tienditas de todo tipo y color. Recomendable comprarse un paraguas porque esta zona tropical cada tanto nos regala una buena lluviecita y de hecho en algunos bares con mesas afuera te prestan paraguas. Se come muy bien en Paraty.
Si o si vayan al centro por la noche porque verlo todo lleno de lucecitas es realmente precioso.
Y si gustan de la caipirinha y la cachaça en si, acá hay varios alambiques que la preparan de manera artesanal y son muuuuuy ricas, pero hay que darle suave porque si uno toma medio distraído la borrachera está asegurada. Yo acá siempre recomiendo tomar parado porque tomando sentado uno no se da cuenta el estado hasta que se para y se le mueve el mundo.

Si llegan a ir en la llamada Semana Santa es probable que la ciudad esté mucho más llena de gente, pero van a poder ver la procesión con antorchas que parece bastante impresionante. Y digo parece porque nosotros fuimos al revés, al final de la semana de vacaciones, que siempre tiene la ventaja de que baja un poco la cantidad de gente que uno se encuentra pero no pudimos ver estas procesiones. Pero bueno salvo que realmente les interese mucho ver o participar de algo así creo que siempre lo mejor es viajar medio a contra temporada para disfrutar más y también pagar un poco menos que nunca viene mal.
Y hasta acá llegamos con esta visita a Paraty. Lo recomiendo mucho, está bueno combinarlo con algún otro lugar como fue nuestro caso, pero perfectamente se puede disfrutar varios días acá. Nosotros no hicimos la parte de visitar cascadas porque ya lo habíamos hecho en Ubatuba, pero hay un montón de actividades en la naturaleza.
